No, amar no es ver el cielo
y pensar en la amada.
No es segar los luceros
para prender corolas en el alba.
Amar no es ver la luz y desmayarse
y escuchar que en el viento
hay un ángel que pulsa una guitarra.
No. Amar es horadar la tierra oscura
para que el árbol nazca.
El amor no se escribe sobre un beso:
Se escribe sobre un surco
en el principio de la madrugada.
El amor no es suspiro:
Es grito que conduce a la batalla.
Amar es tener fuerza suficiente
para llevar el pan hasta la casa.
Es arar en la tierra
o arar en una página
y ver que brota trigo o pensamiento
regados con la sangre o con las lágrimas.
Amar es comprender que si la vida
es tan solo una lámpara
nos debemos quemar alegremente
en medio de su llama
para alumbrar el sueño de los hijos
mientras también les llega la alborada.
Amar es debatirse con la angustia
y sentirse capaz de derrotarla.
Amar es esperar contra la muerte
y morir aferrado a la esperanza.
El amor es lucha.
El amor es la garra.
El amor es la fiebre que calcina,
que a veces purifica, que a veces mata.
Y amor es sobre todo esa tendencia
a que otros tallos beban nuestra savia
para poder morirnos dulcemente
debajo de sus ramas.
FERNANDO SOTO APARICIO
(Nació en Santa Rosa de Viterbo (Boyacá) en 1933)